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Mediados de 1995, el blues dominaba la Tierra. Bandas de versiones, armadas de mediocridad y apoyo mediático, teñian de gris árido la estampa de una Murcia creativamente desolada. Pero de manera inesperada, una nave aparentemente destartalada y conducida por músicos jóvenes e inexpertos hizo irrupción bombardeando la desidia e instalándose como la más excitante escena murciana de los noventa. Me refiero a la NOM (Nueva Ola Murciana), de vida breve y consecuencias extensas. De entre todas las bandas surgidas entonces, la mejor fue The Braslips.
Texto: Jam Albarracín
(Extracto de artículo publicado el 27 de octubre de 2006, en el periódico La Verdad)
Texto: Jam Albarracín
(Extracto de artículo publicado el 27 de octubre de 2006, en el periódico La Verdad)