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Veinte toneladas de lluvia caían a plomo sobre el puente de Waterloo cuando Yuvia se cruzó con un hombre sombrío. Llevaba un sombrero que apenas le protegía de la tormenta, y su ropa empapada se pegaba a su cuerpo calado hasta los huesos. Estaba de pie, inmóvil, mirando fijamente las aguas turbias del viejo y sucio río. Ella sintió lástima y se situó a su lado.
Miles de personas revoloteando como moscas pero solo silencio. Después de minutos que parecieron horas, el hombre sombrío con sombrero entregó una vieja carpeta mojada a Yuvia y se alejó rumbo a la estación de metro. Ella cobijó la carpeta bajo su gabardina, ajustó sobre su espalda la funda de la guitarra y siguió camino.
En la primera cafetería donde pudo refugiarse abrió la carpeta y un alud de hojas amarillentas se desparramaron entre la mesa de mármol y el suelo. Ella se precipitó para recogerlas y sin orden las dispuso en montículo sobre la mesa. Cada una de ellas parecía tener escrito un poema pero la caligrafía era tan desordenada que resultaba difícil de leer. A pesar de eso, Yuvia leyó y leyó hasta que acabó familiarizándose con la escritura. Al final de uno de los poemas, lo que parecía una firma: Rusty Times.
Esa noche decidió convertir todos aquellos poemas en canciones. Abrió la funda de su guitarra y empezó. Diluviaba. “Desde la vidriera de la cafetería, la gente pasa como si nada pasara”.
Música y voz: IA- Music and voice AI -
Letras-Lyrics: Salvador Sánchez Quiles
Miles de personas revoloteando como moscas pero solo silencio. Después de minutos que parecieron horas, el hombre sombrío con sombrero entregó una vieja carpeta mojada a Yuvia y se alejó rumbo a la estación de metro. Ella cobijó la carpeta bajo su gabardina, ajustó sobre su espalda la funda de la guitarra y siguió camino.
En la primera cafetería donde pudo refugiarse abrió la carpeta y un alud de hojas amarillentas se desparramaron entre la mesa de mármol y el suelo. Ella se precipitó para recogerlas y sin orden las dispuso en montículo sobre la mesa. Cada una de ellas parecía tener escrito un poema pero la caligrafía era tan desordenada que resultaba difícil de leer. A pesar de eso, Yuvia leyó y leyó hasta que acabó familiarizándose con la escritura. Al final de uno de los poemas, lo que parecía una firma: Rusty Times.
Esa noche decidió convertir todos aquellos poemas en canciones. Abrió la funda de su guitarra y empezó. Diluviaba. “Desde la vidriera de la cafetería, la gente pasa como si nada pasara”.
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